Amor creativo

La compasión es un movimiento espontáneo de plenitud. No es una decisión meditada de ayudar a los pobres ni de ser amable con los desafortunados. La compasión posee un ímpetu tremendo que, de forma natural y sin elección, nos impulsa a actuar con valentía. Posee la fuerza de la inteligencia, la creatividad y la fuerza del amor. La compasión no se cultiva; no deriva ni de la convicción intelectual ni de la reacción emocional. Simplemente existe cuando la plenitud de la vida se convierte en una realidad que se vive verdaderamente.

La compasión no se manifiesta cuando vivimos en la superficie de la existencia, cuando intentamos construir una vida cómoda con fragmentos fácilmente disponibles. La compasión requiere sumergirse en las profundidades de la vida, donde la unidad es la realidad y las divisiones, una mera ilusión. Si nos detenemos en las capas superficiales del ser, seremos excesivamente conscientes de las aparentes diferencias entre los seres humanos a nivel físico y mental, y de las diferencias superficiales en culturas y comportamientos. Sin embargo, si penetramos en lo esencial, descubriremos que no hay nada fundamental que diferencie a un ser humano de otro, ni a un ser humano de cualquier otra criatura viviente. Todos son manifestaciones de vida, creados con los mismos principios vitales y alimentados por los mismos sistemas de soporte vital. La unidad es la realidad absoluta; la diferenciación solo tiene una realidad transitoria y relativa.

No basta con que unos pocos en la sociedad penetren en las profundidades de la vida y ofrezcan relatos fascinantes sobre la unidad de todos los seres. Lo que se necesita en estos tiempos críticos es que todas las personas sensibles y solidarias descubran personalmente la realidad de la unidad y permitan que la compasión fluya en sus vidas. Cuando la compasión y la comprensión de la unidad se conviertan en la dinámica de las relaciones humanas, la humanidad evolucionará.

Sufrimos en todo el mundo en la oscuridad de la miseria que hemos creado. Al creer en lo fragmentario y lo superficial, no hemos logrado vivir juntos en paz y armonía, y por eso la oscuridad se cierne sobre el horizonte. Es en esta oscuridad que la gente común como tú y yo sentimos la urgencia de profundizar, de abandonar los enfoques superficiales e inadecuados y de activar las fuerzas creativas disponibles para cada uno de nosotros como expresiones de plenitud.

La vasta inteligencia que ordena el cosmos está disponible para todos. La belleza de la vida, la maravilla de vivir, reside en que compartimos creatividad, inteligencia y potencial ilimitado con el resto del cosmos. Si el universo es vasto y misterioso, nosotros somos vastos y misteriosos. Si contiene innumerables energías creativas, nosotros también las tenemos. Si posee energías sanadoras, nosotros también las poseemos. Comprender que no somos simplemente seres físicos en un planeta material, sino que somos seres completos, cada uno un cosmos en miniatura, cada uno conectado con toda la vida de maneras íntimas y profundas, debería transformar radicalmente nuestra percepción de nosotros mismos, de nuestro entorno y de nuestros problemas sociales. Nada puede aislarse jamás de la totalidad.

Hay mucho potencial inexplorado en cada ser humano. No somos solo carne y hueso ni una amalgama de condicionamientos. Si así fuera, nuestro futuro en este planeta no sería muy brillante. Pero la vida es infinitamente más, y cada ser apasionado que se atreve a explorar más allá de lo fragmentario y superficial hacia el misterio de la totalidad ayuda a toda la humanidad a percibir lo que significa ser plenamente humano. La revolución, la revolución total, implica experimentar con lo imposible. Y cuando un individuo da un paso hacia lo nuevo, lo imposible, toda la humanidad viaja a través de él.

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